A Naia

Enamorarme.

De tus manos.

De esa expresión que pones cuando estás cansada.

De tu cara deliciosamente tierna.

De esas sonrisas que apenas sabes dibujar en tu boca.

De tu nariz.

Del roce de mi mejilla con tu mejilla.

De tus suspiros.

De tus ojos abiertos.

De tus ojos cerrados.

De tus ojos entornados.

De los momentos en los que eres tan cansina.

Del tacto de mis manos cuando te tocan.

De cuando duermes tres horitas del tirón.

De cuando no paras en toda  la mañana o la tarde o la noche.

De tu olor.

De tu llanto.

De la desesperación con la que comes cuando tienes hambre.

De cuando te muerdes los puños.

Del sonido de mi voz cuando te dice que te quiere.

De cuando te quedas tan tranquilita en mis brazos o en mis piernas.

De tu boquita de piñón.

De cuando tengo que volver a cambiarte justo después de haberlo hecho.

De tus mofletes.

Del ruido que hacen mis besos en tus mejillas.

De esa paz que me das que me llega al alma.

De tu barriga.

De tu ombligo.

De la curva de tu espalda.

De la longitud de tu cuello.

De tus piececitos.

De tus cejas rubias.

Del lóbulo de tus orejas.

De tu respiración.

De los pelos locos de tu coronilla.

Del latido de tu corazón.

Del latido de mi corazón a tu lado.

De cada uno de tus milímetros cuadrados.

De ti.

Cada día, cada segundo.

Locamente y sin remedio.

Naia

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