Si te atreves te invito a un helado

Hace ya muchos años de esto.
Tantos que todo es bastante vago e impreciso.
Sin embargo ahí sigue el recuerdo año tras año, verano tras verano, sobreviviendo al resto de los demás recuerdos.
No sé si es porque fue una de las pocas trastadas que he hecho.
O porque está llena de inocencia o porque está llena de mi familia y de Roquetas.
Pero es acordarme de aquello y empezar a reirme yo sola. A reirme mucho. No puedo evitarlo. Creo que es de mis recuerdos favoritos.
Empezamos.
Estábamos en mi apartamento el ciento y la madre.
Era de aquellos veranos que venían los primos de mi madre a pasar unos días, y mi casa parecía un piso de los que ahora llaman de camas calientes.
Si normalmente estábamos 5, estaríamos mínimo el doble ese día.
Era después de comer y como postre nos habíamos ganado un helado, no de los de congelador, sino de los de heladería.
Los niños, éramos los encargados de la misión, que empezó a tornarse difícil.
Los querían casi todos en cucurucho y estaba claro que íbamos a tener que dar varios viajes.
Recuerdo el agobio del ir y venir con el calor y con el helado chorreando por la mano.
Recuerdo que no importaba de quien fuese, que nosotros lo íbamos chuperreteando para evitarlo.
Y luego llegó el último viaje.
Yo llevaba el cucurucho de turrón de mi padre y el mío de chocolate.
Empezaron a gotear, y yo harta empecé a correr a mi casa.
En los últimos 3 metros antes de subir por las escaleras, la bola del cucurucho de mi padre, fue al suelo…y mi solución fue cogerla, y volver a plantarla como si nada.
Cuando mi padre cogió el helado, empezó a preguntarme que a aquel helado qué le pasaba.
Y yo… venga decir que nada.
Eso hasta que se sacó de la boca la primera piedra…y yo ni corta ni perezosa y riéndome le dije que sería un trozo de turrón….
(en este momento también estoy riéndome)
La lástima de todo esto es que no recuerdo que vino después. La cara de mi padre con todo lo bueno y lo tranquilo que es, tuvo que ser un poema.
No sé si me regañaron o me castigaron o si a los demás les dio por reir.
No sé si alguien más se acuerda de esto.
Pero yo cada vez que le compro a alguien un helado de cucurucho y tengo que llevarlo en mi mano al menos unos metros, siempre me río y a veces me pregunto a mí misma si por un casual lo querrían de turrón.
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