Desmontando las bodas

Es tiempo de bodas.

Lo libros de reservas de las fincas y restaurantes están llenos para estos días,  desde hace ya más de un año.

Todos queremos que el gran día, vaya acompañado de buen tiempo.

Y a pesar de elegir estos meses, luego siempre andamos un poco quejándonos.

Que si ha hecho excesivo calor, que si los chicos por poco se derriten dentro del traje, o si ha refrescado tanto por la noche que las chicas hemos terminado pasando frío en tirantes.

Que si tormentas de primavera, de otoño o de verano…

No sé qué nos hace decidir en general nuestro lugar pasa ese día.

Hay parejas que se guían por la tradición, y sin dar más vueltas lo celebran en la ciudad de la novia. En la iglesia donde recibió su bautizo y luego su primera comunión.

Otras que lo hacen en la ciudad en la que viven, con independencia de que uno u otro, en ese lugar tengan raíces.

También las hay a las que todo eso les da igual y deciden simplemente buscar un lugar bonito que pase con ellos a la historia de sus vidas.

Navegando por cientos de blog y revistas, encuentras bodas organizadas en otros países, con otros estilos, con otro modo de organizar ese día, con otra manera  de distribuir el presupuesto…y todas esas, nos han puesto el listón muy alto.

He visto bodas organizadas en graneros sentados todos en balas de paja, con mesas kilométricas en mitad del campo, con novias que llegan en tractores,… y siendo sincera no he asistido a  ninguna.

No sé ni siquiera si a pesar de admirarlas tanto estaríamos preparaos para que la nuestra fuese una de ellas.

Si habría invitados que en vez de ver unas sillas vintage, viesen unas sillas cutres. Si habría invitadas que en vez de agradecer una boda en la playa o en un campo, no estaríamos quejándonos de que se nos clavan o estropean los tacones.

No sé cuánto estamos dispuestos a mover del presupuesto, para invertir el dinero que no es infinito en crear bodegones con maletas antiguas y sin embargo dejar a los invitados sin su detalle.

Nos enamoramos de ideas ajenas intentando hacerlas nuestras.

Robamos e intentamos copiar rincones que luego no caben en nuestros restaurantes, ni en nuestras tradiciones, pero por unos meses nos parecen indispensables para ese día.

Luego todo eso queda en anécdota. Y lo que traspasa el tiempo son solo las cosas importantes. Aunque puede que tampoco todas y algunas se terminen fugando por los pliegues de los años.

La gente recordará como mucho  de ese aspecto que fue una boda bonita en un lugar bonito.

Pero de  lo que si se acordarán, será de si se les escapó alguna lágrima y sobre todo muchas risas, o de si a alguien se le ocurrió cambiar en la barra libre una salchicha por un puro en un perrito y de las vueltas que dio hasta terminar en la boca de alguno.

A veces somos, y en de esto estoy muy orgullosa,  así de simples.

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3 Respuestas a “Desmontando las bodas

  1. Me ha encantado este post porque es muy sincero. Creo que últimamente con el tema bodas se nos esta yendo un poco la cabeza

  2. ya se sabe, que al final siempre “less is more” es lo mejor,
    pero lo mejor de lo mejor son los momentos compartidos 😉

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