Pequeña gran mujer

Aunque casi no salió de su pueblo, María llevaba todo un mundo dentro de ella.

Era de esas personas que te atrapaban. Que con su sencillez y con su inteligencia, hubiese conseguido cualquier cosa.

La vida le enseñó, donde estar, cuando estar, como comportarse y cual era el momento de marcharse.

Tenía la fuerza y la sabiduría de tantos años intentando ser mejor persona e intentando aprender de todo lo que tenía cerca y a la vez luchando porque los suyos, fuesen mejores personas de lo que ella  misma era.

Siempre que pienso en ella, la veo con su vestido negro y sus múltiples capas de chaquetas.

La veo con sus bolsillos llenos de servilletas.

La huelo con su colonia de niño pequeño.

La recuerdo de pie en la puerta de su casa.

La siento con toda su calma.

Cuando tuvo el descanso de dejar de luchar por sus hijos, llegaron los nietos. Y con la pequeña Patricia aún en brazos llegó el único piropo que yo le escuché a Juan decirle a María, al menos en voz alta, “todas las mujeres de mi familia, son muy guapas”.

Nunca los vi cogidos de la mano, ni darse un beso, …eran otros tiempos.

Nunca me planteé si había sido una mujer feliz o si estuvo muy enamorada. .

Pero un día me contó, ella que era tan guapa, que se había casado con el chico más apuesto del pueblo y eso que Juan, como jugaba muy bien al frontón, era famoso por aquellos lugares y tenía muchas mujeres que le pretendían.

Y esas pocas palabras me las dijo riendo orgullosa. Así que ahora sé que no hacía falta más preguntas.

A mi me gustaba estar a su lado. Al lado de los dos. En medio de aquellas dos personas tan diferentes. Me gustaba meterme en su cama y amanecer hablando. Me gustaba sentarme entre ellos en el brasero y ver pasar la tarde oyendo de fondo alguna novela o jugando a las cartas. 

Luego sin darnos cuenta ella se levantaba y en un segundo tenía la encimera de la cocina llena de todo lo que nos gustaba. Natillas, arroz con leche, “papejotes”, rosetas….Cómo en casa en ninguna parte!

Nunca fue ni una mujer perezosa ni una mujer a la que se le pegasen las sábanas.

Era normal oírla dando vueltas por la casa a las 5 de la mañana, con esos pasitos pequeños que consiguieron tantas cosas. Y fue con esos pasitos con los que logró que los nuestros fuesen más grandes.

Luego esos madrugones los cobraba en el sofá. Los saldaba a base de ronquiditos suaves tapada con las enaguas del brasero. Dando descanso también a esos ojos tan bonitos. Privándonos a los demás por unos instantes de sus palabras y de sus risas. Un rato que aprovechaba para estar sola, rodeada de todos los suyos.

Fue ella la que nos enseñó a todos lo que significaba  dar y dar y volver a dar y la palabra sacrificio. La que nos enseñó a hablar por teléfono, ella que había nacido sin ninguno. La que nos enseñó que nunca se debe de tomar uno un medicamento en vano y la que instauró en la familia eso que su hija, ha heredado tan bien, “los paquetes”. Todo eso y un billón de cosas más.

Yo siempre le decía que tenía suerte de haber vivido tantas cosas y lo que le enumeraba eran detalles que con el tiempo veo absurdos.  Ahora sé, que la suerte la tuvimos nosotros.

Tardé muchos años y mucha mala adolescencia en comprender que aquello que me separaba del resto de mis abuelos, mis padres, mis tíos y mi hermano, era algo que me unía a ella más que a nadie, una suerte que no tenía ninguno. Y cuando comprendí eso, nunca más deseé tener los ojos verdes.

A la mujer, que teniendo ese nombre tan grande, consiguió que hasta eso se le quedase pequeño.

A María Guerrero, mi abuela.

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2 Respuestas a “Pequeña gran mujer

  1. “La Guerrero”… Yo tb recuerdo el olor a limpio de la abuela “Ica” , o el roce de su pelo suave y bien peinado, al que una vez cano le empezó a darle un toque de colo algo malva y que a mi a pesar de la sobriedad de su vestir negro me hacia pensar que mi abuela era muy “moderna”. Y tienes razón… Estaban hechas de otra pasta. El otro dia leí en la “Muy Interesante” que los nietos que son cuidados por sus abuelas son mas longevos. Me senti afortunada, hasta para eso, lo bordaron. Me falto tiempo para ir a contarselo a Pili, a la que se la dibujo una sonrisa de orgullo en la boca mezclada con emocion. Son asi, solo espero algun dia serlo yo tb.

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