Autobuses

Aunque al principio éramos muchos, al final solo quedamos tú y yo.

Aún ahora, hay días que me monto en un autobús y busco sin querer dos sitios, siempre lejos de las puertas para que no nos entre mucho frío.

Esta mañana en la parada, no estaban todas esas caras, a las que el aburrimiento y el tiempo nos hizo ponerles motes…y no he tenido que mirar en el horario si el próximo pasaba por Villafranca.

En mis brazos solo un bolso, esta vez nada de maquetas ni de carpetas.

El libro si lo llevo, la radio no, porque la ponías tú. Venga vale, te dejo el auricular derecho! Espero que suene esa canción que nos gusta!

Este viaje, no dura tanto. No voy a tener que buscar tu hombro para quitarme el sueño. Aquel gesto inconsciente de hombro con cabeza, cabeza con cabeza, que sin tenerlo ensayado nos salía tan perfecto.

Esta noche no ha sido ni larga ni surrealista, ni hoy tenemos entrega.

Anoche no te cabreaste conmigo por estrellarte un huevo en la cabeza, ni me pegaste con un escalímetro cuando me dio un ataque y quise tocarte ese brazo que tienes tan rico…

Ni nos tocó comernos ese filete a medias, ni me puse pesada escribiendo tu nombre en la mesa…Que bien me salía ese “Pili yo soy”.

Lo que si puede que pasase, es que de fondo tuviésemos Crónicas Marcianas, o Cadena Dial, o a ti te diese por cantar a gritos una de Camela.

El “autobusero” no es el que nos gustaba, ni se parece al que me llevó a las cocheras, el día que no quise esperarte para volver juntas y me quedé dormida y me llevó de vuelta.

No sé si hoy nos tocaría directamente clase, o nos pasaríamos un rato por la cafetería.

Si te habrías empeñado en ir a la secretaría, porque querías rellenar otra matrícula de Sanchís, o reírte en toda su cara de aquellas mujeres, sin el permiso de mi mirada de cabreo (espera que me entra la risa ahora a mi) o por la oficina de alumnos porque nos habían vuelto a poner en algo alguna pega.

No sé si hoy nos tocaba análisis, o alguna corrección de proyectos en las que nos pusieran la cara colorada, o  puede que fuese una de esas tardes en las que hartas de todo nos íbamos a merendar con Su, Eva y Cris  unos nachos y una tabla de patatas al Darta.

Hoy no tenemos revisión de historia y no vamos a tener que decidir  si salir riendo o llorando y  Eva no aparecerá a espaldas de Alfon, porque ya no hay esguince que valga.

Luego de vuelta, el atasco de siempre y nosotras acomodadas, apoyando las rodillas en el asiento de delante. Qué guerra dábamos!

Buscando un sitio donde no nos tocase cerca un gritón que nos diese el viaje con sus historias. Yo en eso estaba tranquila, sabía que si se pasaba mucho, tú te levantarías y le darías un toque “oye tú, baja la voz”. Mientras yo me moría a la vez de risa y de vergüenza.

Si teníamos el día gracioso, no dejábamos de decir tonterías en todo el trayecto.

Si habíamos tenido un día torcido, con más motivo, no dejábamos de reírnos en ningún momento.

No sé si ese autobús, vio alguna de nuestras lágrimas. Si las vio, ya ni me acuerdo.

Lo bueno de estas cosas, es que hoy,  todos, se han convertido en buenos recuerdos.

Hace mucho que no me monto contigo en un autobús. Después de todos aquellos días, que llenaron todos aquellos años…

Y ayer, con un comentario tuyo, me trajiste de golpe todas estas historias, todos aquellos momentos. Todo lo bueno, de todos esos años, en las que incluyo estas historias de autobús.

Ayer con ese comentario tuyo, eché  mucho de menos todo aquello.

Aquellos días, aquellas risas, aquellas vidas, aquellos sueños…

P.D. Esta, para que no lo olvides es una  confesión Muguruza.

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